legalización de la eutanasia
lunes, 3 de noviembre de 2014
domingo, 2 de noviembre de 2014
LEGALIZAR
LA EUTANASIA
Introducción:
Cuando hablamos de la
eutanasia nos estamos enfocando a un tema muy nuevo del siglo el cual no es muy
bien aceptado por la sociedad ya que la eutanasia para muchas personas es
considerado como le muerte obligada o incluso requerida.
La eutanasia es una palabra que proviene del griego euthanacia que significa buena muerte La eutanasia, es decir, el acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es contraria a la ética. Eso no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad de mucho dolor y sufrimiento. Según la Real Academia Española la eutanasia tiene por finalidad, evitar sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de la vida de un enfermo en etapa terminal. La eutanasia se puede realizar con o sin el consentimiento del enfermo más sin embargo normalmente cuando un enfermo se encuentra en estos casos es necesaria la autorización de algún familiar.
Desarrollo:
Porque si a la eutanasia.
Hay buenas razones para que
una mayoría dentro y fuera del parlamento esté de acuerdo con la ley,
incluyendo a creyentes y conservadores moderados. Por ello el proyecto pasó en
primer debate y tiene futuro en los que vienen.
La primera es que el proyecto
es bastante prudente, como lo mencionaba en mi columna anterior. Tiene un
procedimiento exigente para certificar la libre voluntad y la condición médica
de los pacientes que pidan la terminación de su vida en situaciones extremas de
enfermedades terminales o lesiones irreversibles. Ningún médico ni clínica
puede ser obligado a practicar la eutanasia. Nadie puede forzar a un paciente o
a su familia a acelerar la muerte.
De modo que le permite a cada
quien vivir (y morir) según sus convicciones. Los pacientes y los médicos que
entiendan que la muerte digna es la que llega después de hacer hasta el último
esfuerzo para alargar la vida, pueden optar por hacerlo. Pero quienes prefieran
evitar semanas o meses de sufrimiento extremo por considerar que la muerte en
esas circunstancias es más digna que la agonía, podrían acortar la dolorosa
espera.
Por eso el debate sobre la
eutanasia es distinto al del aborto. Esta es la segunda razón por la que es
probable que el proyecto sobre muerte digna tenga un apoyo mayoritario, a pesar
de la confusión entre aborto y eutanasia que han creado tanto los críticos como
algunos defensores del proyecto. No es cierto que, como dicen los primeros, la
ley vaya a obligar a los médicos a convertirse en gente inservible ante una
sociedad. Al contrario, les permite seguir los dictados de su conciencia, que
es justamente lo que las jerarquías católicas y cristianas piden en el caso del
aborto.
Además, a diferencia del
aborto, en la eutanasia no hay ninguna disputa sobre la existencia de otro ser
que estaría en peligro: la única vida que está en juego es la de un paciente
adulto que expresa libremente su voluntad. Por eso mismo, tampoco es cierto
que, como lo dice el ponente del proyecto (el senador Armando Benedetti), la
eutanasia sea un asunto de derechos de minorías. Este tema no debería enfrentar
la oposición masiva del aborto; por el contrario, es probable que las mayorías
ciudadanas y políticas estén con el proyecto, si tienen a la mano la
información completa y objetiva sobre la ley, y no las versiones distorsionadas
que circulan algunos de sus detractores.
Hay una tercera razón que no
ha sido discutida. La ley sobre eutanasia activa tendría efectos indirectos
sobre el derecho que hoy tienen los pacientes a pedir que no se les alargue la
vida artificialmente con tratamientos invasivos y costosos, que a lo sumo
logran unas semanas o meses más de vida: las diálisis renales, las dosis de
insulina, los tratamientos agresivos para mantener el corazón latiendo aunque
se sepa que todo es en vano y el paciente sólo no los quiera. Esta forma pasiva
de eutanasia, a pesar de ser perfectamente legal, se encuentra en la práctica
con el poderoso obstáculo del temor de los médicos y las clínicas (que con
frecuencia comparten la opinión del paciente) a meterse en líos jurídicos con
cualquier tipo de eutanasia, si no intentan todos los tratamientos posibles a
pesar del querer de quien agoniza.
Clasificación de la eutanasia.
En el contexto anglosajón, se
distingue entre la eutanasia como acción y la eutanasia como omisión (dejar
morir). Su equivalente sería eutanasia activa y eutanasia pasiva,
respectivamente. También se utilizan, en forma casi sinónima, las
calificaciones de positiva y negativa respectivamente.
Activa: Consiste en provocar
la muerte de modo directo. Puede recurrirse a fármacoso medicamentos que en
sobredosis generan efectos mortíferos.
Pasiva: Se omite o se suspende
el tratamiento de un proceso nosológico determinado (por ejemplo una bronconeumonía),
o la alimentación por cualquier vía, con lo cual se precipita el término de la
vida. Es una muerte por omisión.
De acuerdo con Víctor Pérez
Varela, la eutanasia pasiva puede revestir dos formas: la abstención
terapéutica y la suspensión terapéutica. En el primer caso no se inicia el
tratamiento y en el segundo se suspende el ya iniciado ya que se considera que
más que prolongar el vivir, prolonga el morir.
Debe resaltarse que en este
tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento al enfermo.
Eutanasia indirecta: es la que
se verifica cuando se efectúan, con intención terapéutica, procedimientos que
pueden producir la muerte como efecto secundario. Por ejemplo, la
administración de analgésicos narcóticos para calmar los dolores. Los mismos,
como efecto indirecto y no buscado, provocan disminución del estado de
conciencia y posible abreviación del período de sobrevida.
Historia de la eutanasia
La eutanasia no es algo nuevo:
está ligada al desarrollo de la medicina moderna. El solo hecho de que el ser
humano esté gravemente enfermo ha hecho que en distintas sociedades la cuestión
quede planteada. La eutanasia es un problema persistente en la historia de la
humanidad en el que se enfrentan ideologías diversas.
La eutanasia no planteaba
problemas morales en la antigua Grecia: la concepción de la vida era diferente.
Una mala vida no era digna de ser vivida y por tanto ni la eutanasia suscitaban
grandes discusiones. Hipócrates representó una notable excepción: prohibió a
los médicos la eutanasia activa y la ayuda para cometer suicidio.
Durante la Edad Media se
produjeron cambios frente a la muerte y al acto de morir. La eutanasia, el
suicidio y el aborto bajo la óptica de creencias religiosas cristianas son
considerados como pecado, puesto que la persona no puede disponer libremente
sobre la vida, que le fue dada por Dios. El arte de la muerte, en la
cristiandad medieval, es parte del arte de la vida el que entiende la vida,
también debe conocer la muerte. La muerte repentina, se consideraba como una
muerte mala. Se quiere estar plenamente consciente para despedirse de
familiares y amigos y poder presentarse en el más allá con un claro
conocimiento del fin de la vida.
Así, para los defensores de la
eutanasia, la dignidad humana del enfermo consistiría en el derecho a elegir
libremente el momento de la propia muerte, evitando los que fueran de otra
forma, inexorables dolores y situaciones que socavan la humanidad misma del
enfermo.
Para sus detractores, el ser
humano no posee dignidad, sino que es en sí mismo un ser digno,
independientemente de las condiciones concretas en las que viva.
La llegada de la modernidad
rompe con el pensamiento medieval, la perspectiva cristiana deja de ser la
única y se conocen y se discuten las ideas de la Antigüedad clásica. La salud
puede ser alcanzada con el apoyo de la técnica, de las ciencias naturales y de
la medicina.
Es la acción u omisión que
acelera la muerte de un paciente desahuciado, siempre con su consentimiento,
con la intención de evitar sufrimiento y dolor. La eutanasia está asociada al
final de la vida sin sufrimiento
Los argumentos en contra
inciden en la inviolabilidad de la vida humana, la defensa de su dignidad
independientemente de las condiciones de vida o la voluntad del individuo
implicado, y las repercusiones sociales de desconfianza que podría conllevar la
eutanasia.
La legalización de la eutanasia
En el actual debate
planteado en torno a la eutanasia, hay cuatro cuestiones que necesitan hoy un
urgente estudio. La primera consiste en la necesidad de definir inequívocamente
la terminología y, con ella, los conceptos que usamos al hablar de eutanasia.
La segunda se refiere a la conveniencia de seguir de cerca la conducta de los
profesionales que aceptan la eutanasia como solución para ciertos problemas
médico-sociales, tal como nos muestra el ejemplo holandés, y la incidencia en
la medicina de esa aceptación de la eutanasia.
La eutanasia en México
En México en especial, la
libertad más absoluta, está siendo confundida cada día más, imperando en nuestro
sistema el lucro y la intolerancia, debido a que en determinadas situaciones
legales se hace caso omiso a la norma jurídica y en otro tipo de circunstancias
se aplica en exceso, lo cual es claro que no se adecua a las necesidades de la
época que estamos viviendo y al no haber nuevos ordenamientos que no regulen un
nuevo estado de cosas, es común ver que constantemente se violen los
ordenamientos legales y se evada la acción de la justicia, por lo que el
derecho en México debe abarcar más campos, siendo así la Eutanasia.
La ciencia, en especial la
medicina a superado al derecho, surgiendo situaciones que si bien encuadrarían
en los tipos penales ya existentes, estas situaciones, por este avance médico,
se encuentran mal reguladas, ya que las nuevas situaciones generadas originan
conductas, las cuales salen del sentido que se quiso dar al crear un tipo
penal, y si bien el derecho regula conductas humanas, estas conductas que
afecten bienes jurídicos tutelados por la sociedad deben estar reguladas, pero
no por similitud, se deben regular las diversas situaciones y crear tipos para
cada situación, ya que la constitución prohíbe imponer por simple analogía y
aún por mayoría de razón, pena alguna, y al variar la situación que origina el
ilícito, debe considerarse y valorarse esa conducta para encuadrarla en un tipo
penal específico.
En contra de la eutanasia
La Asociación Médica Mundial
considera contrarios a la ética y condena tanto el suicidio con ayuda médica
como la eutanasia.
No matar es tan decisivo para
la humanidad que, aparte de ser un imperativo naturalmente impreso en nuestro
ser, constituye desde siempre un precepto que exigen médicos, juristas,
filósofos, moralistas, personas corrientes con sentido común y que el
testimonio de muchos que saben vivir con dignidad en situaciones difíciles,
exige que sea adecuadamente garantizado.
La eutanasia se plantea con frecuencia como
una cuestión médica. Se recogen criterios médicos clásicos y actuales sobre
este modo de acabar con la vida humana y varias reflexiones de especialistas en
bioética.
Para un católico no hay duda:
la eutanasia no es aceptable, tratándose de matar a un inocente. Un cristiano
coherente se sabe hijo de Dios y en El confía también para la hora de la
muerte.
El concepto de dignidad
humana, el sentido de la vida, de la libertad, y qué entendemos por persona
afectan al sentido de la muerte. Aceptar o no la eutanasia presupone un
peculiar concepto del hombre y de su destino.
La opción de la eutanasia es
más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una
persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se
llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o
legisladores, se arrogan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir.
De este modo, la vida del más
débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la
sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de
toda relación auténtica entre
las personas. El deseo que brota del corazón del hombre ante el supremo
encuentro con el sufrimiento y la muerte, especialmente cuando siente la
tentación de caer en la desesperación y casi de abatirse en ella, es sobre todo
aspiración de compañía, de solidaridad y de apoyo en la prueba. Es petición de
ayuda para seguir esperando, cuando todas las esperanzas humanas se
desvanecen".
La Organización Mundial de la
Salud (OMS) define la eutanasia como aquella "acción del médico que
provoca deliberadamente la muerte del paciente".
Conclusión
Esta definición resalta la
intención del acto médico, es decir, el querer provocar voluntariamente la
muerte del otro. La eutanasia se puede realizar por acción directa:
proporcionando una inyección letal al enfermo, o por acción indirecta: no
proporcionando el soporte básico para la supervivencia del mismo. En ambos
casos, la finalidad es la misma: acabar con una vida enferma.
Esta acción sobre el enfermo,
con intención de quitarle la vida, se llamaba, se llama y debería seguir
llamándose homicidio. La información y conocimiento del paciente sobre su
enfermedad y su demanda libre y voluntaria de poner fin a su vida, el llamado
suicidio asistido, no modifica que sea un homicidio, ya que lo que se propone
entra en grave conflicto con los principios rectores del Derecho y de la
Medicina hasta nuestros días.
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